Grandes músicos con distonía focal del músico (I): Robert Schumann (1810-1856)

Robert Schumann es conocido por todos como uno de los grandes compositores del Romanticismo, aunque su primera intención era llegar a ser un virtuoso del piano. Su talento sorprendió a Friedrich Wieck (el padre de su futura esposa), que consideraba que tocaba incluso mejor que Hummel o Moscheles. Sin embargo, su carrera pianística fue muy corta debido a una grave lesión en su mano derecha que le obligó a abandonar el camino de la interpretación. Pero, ¿qué fue lo que le ocurrió realmente?

Existen diversas teorías y mucha leyenda al respecto. Algunas fuentes afirman que pudo haber sido causado por una cirugía fallida o por los efectos secundarios de la medicación a base del tóxico mercurio para la sífilis. Por el contrario, la versión más popular es que en su afán de perfeccionar su técnica construyó un artilugio para fortalecer su dedo y que su uso excesivo le inutilizó la musculatura. No obstante, estudios más recientes demuestran que lo que en realidad padecía Schumann era distonía focal, siendo el artículo más contundente al respecto el de Eckart Altenmüller, director del Institute for Music Physiology and Musicians' Medicine en Hannover. De hecho, el compositor cumplía muchos de los factores de riesgo para sufrir este trastorno, como un excesivo estudio del instrumento o una personalidad obsesiva propensa a la ansiedad y al perfeccionismo.

El desarrollo de la distonía focal de Schumann 

“Toda la música está completa y viva dentro de mí y deseo exhalarla sin esfuerzo, pero ahora apenas si puedo hacerlo; mis dedos se confunden unos con otros. Esto es realmente atemorizante y ya me ha causado mucho dolor.”

Nacido el 6 de junio de 1810, Robert Schumann comenzó a tocar el piano a la edad de 7 años, mostrando desde el comienzo grandes dotes musicales. Tras la muerte de su padre y siguiendo el consejo de su madre, inició en 1826 sus estudios de derecho en Leipzig, prosiguiéndolos tres años después en la Universidad de Heidelberg. A esas alturas, Schumann dedicaba también muchas horas al estudio del piano, pero no conseguía el progreso que deseaba. Así, en julio de 1830 le indicó a su madre su intención de seguir con su carrera como pianista y le instó a que le escribiera a Friedrich Wieck, preguntándole si le aceptaba como alumno.

En Mayo de 1831 encontramos en su diario los primeros indicios de una pérdida motora en los dedos y de la incapacidad progresiva que tenía para tocar el piano, que ya se había manifestado desde finales del año anterior.

"Mayo 25: Piano muy mal - el estudio de Moscheles tímido e inseguro - ¿De dónde viene esto? Lo he estudiado durante 14 días atentamente y persistentemente."

"Julio 21: Ha sido miserable la situación en el piano los últimos días; ayer lloré de rabia."

Un año más tarde, y por las mismas fechas, hace referencia a un artilugio que él mismo diseñó con el fin de levantar su dedo medio, mientras los otros podían moverse libremente. Hay que tener en cuenta que Schumann ideó también otros aparatos, como un teclado portátil que se colgaba del cuello o un aparato que colgaba del techo y le obligaba a hacer mayores esfuerzos con sus dedos anular y meñique.

 

Tras escribir en su diario el 14 de junio de 1832 que su "dedo medio está completamente rígido", no hay más referencias a su actividad pianística. Aparentemente, Schumann había desechado ya la idea de convertirse en uno de los grandes virtuosos del piano de la época. Esta decisión pudo seguramente sobrellevarse mejor al coincidir con sus grandes éxitos en el ámbito de la composición.

Precisamente en esos difíciles años, escribió una de las obras con más dificultad de su repertorio: la Toccata Op. 7. Según Altermüller, probablemente está inspirada por su propia condición , ya que está escrita con la figuración apropiada para no utilizar el dedo medio de la mano derecha.

Pese a descartar la idea de ser un virtuoso pianista, desde la primavera de 1832 hasta el verano de 1833, Schumann intentó mejorar la condición de su mano a través del descanso, la dieta, la homeopatía o, incluso, sumergiendo sus manos en sangre de animales. Probó todos los nuevos y más caros tratamientos existentes en la época, pero no mejoró.

Aun así, no abandonó del todo su instrumento, con el que solía improvisar todos los días. La libertad inherente a la improvisación le daba la posibilidad de poder tocar evitando los movimientos que no podía realizar.

El mundo perdió un prometedor pianista, pero la historia ganó uno de los más grandes y representativos compositores del Romanticismo.